Por Jorge
Moreno.
Amanecí
de amenaza, amanecí asustando imperios, hubiese dicho hoy el “Chino” Valera
Mora, y con sorpresa quizá, no por el hecho que la nación sin nombre nos haya reconocido
como una amenaza, ya que un país como el nuestro, que en su alforja lleve el
trofeo de haber libertado cinco naciones del imperio más poderoso para la
época, definitivamente debe contar -al menos-, como potencial amenaza a
cualquier interés imperial.
Por
eso para nosotros no es una sorpresa amanecer así, amenazando imperios, ni
mucho menos es una sorpresa que el ganador del Nobel de la Paz del año 2009, se
quite la careta y asuma en sus propias manos el derrocamiento del gobierno
legítimo constitucionalmente del presidente Nicolás Maduro. Bien sabíamos los
que no nos creímos nunca aquella fachada pacifista, que intentaba dibujarle un
sistema que matemáticamente ejecuta sus acciones, para tratar de justificar
desde su entrada en la palestra mundial, las acciones belicistas que estaba
condenado también cumplir, como parte de un entramado mundial de claras señales
capitalista.
Tampoco
no sorprende la vocería que han asumido los líderes de una oposición que ya no
podemos llamar venezolana, sino a la cual deberíamos llamar, como lo que son,
una oposición yankista. Un sector minoritario del país que a lo largo de toda
su trayectoria política y empresarial, han estado siempre a favor de venderle
su alma al diablo, y ya sabemos quién es el diablo, cómo olvidar aquella frase
del comandante Chávez, “huele a azufre”. Hoy esa vocería, es ambigua a la hora
de deslastrarse de la insolencia Yanki, cómo también lo fue cuando Zapatero y
su Rey, el señor Juan Carlos de Borbon, nos insultaron a todos los latinoamericanos,
en aquella cumbre iberoamericana en Chile del año 2011, por un lado un Zapatero
que en su complejo de raza arida, respondía a un digno Evo Morales, aludiendo a
su color de piel lo siguiente: “Ante nuestros distintos colores de piel, que
nos hacen -por cierto- muchos más atractivos como género humano, como es
evidente”; luego vendría aquella deleznable actuación, de aquel hombre que no
terminaba de entender que ya no era dueño de estas tierras latinas, que había
olvidado que Bolívar y el pueblo hace más de doscientos años los habían
expulsado de aquí, e intentó ordenar hacer silencio al Comandante Chávez, que
en ese instante, defendía con vehemencia, desde su sentir patrio, la dignidad
de los pueblos latinoamericanos.
Lo
único que nos sorprende es que la insolencia Yanki, no haya dicho al mundo, por
qué realmente somos su amenaza, y haya aludido a esos argumentos que realmente
los deja en evidencia, puesto que a partir de esa declaración, muchos aquí tuvieron que admitir por ciertas las
denuncias que se habían venido haciendo, de un golpe de estado continuado, a
través de intentar desestabilizar el país, llegando incluso a la planificación
de un magnicidio. Aunque sabemos que al imperio yanqui le vale poco la opinión
de muchos e incluso de todos, a la hora de llevar a cabo sus acciones
criminales.
La
fase más peligrosa de cualquier imperio, no ocurre precisamente mientras va en
ascenso, sino por el contrario, es justo en su caída –y por lógica de supervivencia-,
cuando echa mano a todo lo que está a su alcance para permanecer. En esos
momentos donde poco importa las formalidades, surgen acciones realmente
temerarias, propias del desespero ante la inminente derrota.
Bien lo dijo nuestro cantautor, Jesús “El Gordo” Paez, al cantar la poesía de Andrés Eloy Blanco, “Giraluna duerme al niño”, en el intermedio de la grabación lanzó esta frase: “El imperio está herido de muerte, y hará todo lo que esté a su alcance para acabar esta primera revolución del siglo XXI”. Esta afirmación hoy cobra más vigencia que nunca.
Bien lo dijo nuestro cantautor, Jesús “El Gordo” Paez, al cantar la poesía de Andrés Eloy Blanco, “Giraluna duerme al niño”, en el intermedio de la grabación lanzó esta frase: “El imperio está herido de muerte, y hará todo lo que esté a su alcance para acabar esta primera revolución del siglo XXI”. Esta afirmación hoy cobra más vigencia que nunca.
Por
esta razón todos debemos redoblar esfuerzos en la defensa de nuestra
independencia. Juntos, pueblo gobierno y fuerza armada, debemos ser cada vez más
eficiente en este objetivo, que no solo pasa por la movilización permanente,
sino que también exige de cada venezolana y venezolano, un compromiso aun mayor
con esta patria y el legado Bolivariano que el comandante Chávez resucitó.
No
podemos seguir llamando revolucionario al burócrata, pero tampoco que se sienta
revolucionario el que cae en la tentación de vender las divisas a través de sus
cupos, el que especula, el que bachaquea, todos estos –creámoslo-, son al igual
que el imperio, enemigos de la patria. Es hora de definiciones, no de ambigüedades,
o se está con la patria o se está en contra de ella. Por eso, que no haya un
solo servidor público agazapado, que no haya una sola necesidad del pueblo sin ser
atendida, que no exista más la manía de debilitarnos colectivamente, a partir
de un supuesto fortalecimiento individual.
En el
tapete está desde la imposición de un bloqueo económico, hasta el asesinato de
nuestros líderes de la revolución, nada es demasiado para el imperio, que tampoco
sea nada demasiado para los patriotas a la hora de defender esta patria, y
podamos decirle al imperio gringo y su insolencia, junto al “Gordo Páez” también,
“que hemos espantado los miedos, […] y que pueden usar sus balas, que pueden
usar sus misiles, que pueden usar sus cañones, que pueden usar sus submarinos,
como supositorios”. (1)
