Haber
declarado a Venezuela una amenaza para la seguridad e intereses del país sin
nombre, y todas las acciones correspondientes a desestabilizar nuestra patria,
debería ser más que suficiente para que todos los que decimos comulgar con las
ideas libertarias bolivarianas nos
declaremos en permanente vigilia en defensa de nuestra revolución.
No es
casualidad que las últimas proclamas de nuestros libertadores Bolívar y Chávez
fueran más que un llamado, una instrucción a permanecer y fortalecer la unidad
de los verdaderos patriotas. Es contraria a esta instrucción y por tanto
indisciplina militante y revolucionaria, no acudir al llamado de unidad,
unidad, unidad.
Para romper la
unidad del cuerpo de la revolución los enemigos de la patria se valen de todas
las herramientas y estrategias que incluso desde el imperio le proporcionan para lograrlo. Hay
situaciones complejas y seguramente esas complejidades serán profundizadas: mantener
a la población en jaque, no dar tregua en materia de desestabilización
económica; maniatar -en la medida de lo posible- la capacidad de maniobra del
gobierno venezolano; desmoralizar las fuerzas chavistas, desde el llamado
permanente a desconocer el liderazgo y la investidura del presidente obrero; son
en definitiva y seguramente las acciones a seguir por parte de la oposición
venezolana, siguiendo al pie de la letra las instrucciones que le son enviadas
desde la CIA y el
pentágono.
En este
momento donde las jaurías muestran feroces sus dientes y se lanzan a tratar de
desmembrar el cuerpo unitario de la revolución, no es admisible que haya
quienes en su afán de decirnos sus descontentos o desacuerdos, se pronuncien
mediaticamente, para lo cual los medios -hábilmente y no sabemos si en
complicidad incluso con estos voceros-, aluden a su pasado de lealtad y de
servicio a la revolución bajo la conducción del comandante Chávez.
Pero fue el
mismo comandante Chávez que aquel diciembre, en su última aparición pública nos
alertó de las estrategias del enemigo: No
faltarán los que traten de aprovechar coyunturas difíciles”, y de verdad
no han faltado ni los ataques ni los depredadores de libertades. A esta
advertencia siguió la instrucción de mantener la “unidad, unidad, unidad”.
Desde llamados
al gobierno a realizar elecciones, hasta declaratorias de rompimiento del hilo
constitucional, son entregados a los enemigos de la patria como combustibles
para incendiar al país, por quienes en otros tiempos de alguna manera desde su
posición acompañaron esta lucha emancipadora. Acuñándole además al presidente
Maduro las acciones independientes que pudieran llevar los demás poderes
constituidos, como los son el poder electoral y el poder judicial.
Sin pruebas
conducentes de que las acciones del CNE y el TSJ, son instrucciones emanadas
del poder ejecutivo, estos voceros del purgatorio parecen coincidir con quienes
por años han adversado. Pero si aun fuese así, que es el gobierno quien retrasa
las elecciones de gobernadores, o
intenta no caer en la ingobernabilidad que promueve la asamblea
nacional, acaso no es un legítimo derecho tratar de revertir el juego sucio de
la derecha y el empresariado golpista en su acción desestabilizadora. Cómo
entonces, desde una maquillada ingenuidad se desconocen estas maniobras
golpistas y se hacen públicas apariciones tanto nacional como
internacionalmente para avivar las hogueras de los adversarios de la revolución
bolivariana y chavista, es decir a los adversarios del pueblo.
Nos toca
seguir de pie, nos toca avanzar en la profundización de la revolución, nos toca
además desde una disciplina y militancia revolucionaria, ser críticos y
autocríticos, fieles acompañantes de los que hoy llevan el timón de este barco
cargado de sueños libertarios, de patria grande, de patria libre y de infinita
humanidad y amor. Por la patria, por lo hijos e hijas, por nuestro pasado
heroico y nuestro futuro de gloria.
