lunes, 16 de marzo de 2015

Del “por qué no te callas” del Juan Carlos; al “yo decreto” del Obama, y otras insolencias imperiales

Por Jorge Moreno.

Amanecí de amenaza, amanecí asustando imperios, hubiese dicho hoy el “Chino” Valera Mora, y con sorpresa quizá, no por el hecho  que la nación sin nombre nos haya reconocido como una amenaza, ya que un país como el nuestro, que en su alforja lleve el trofeo de haber libertado cinco naciones del imperio más poderoso para la época, definitivamente debe contar -al menos-, como potencial amenaza a cualquier interés imperial.

      Por eso para nosotros no es una sorpresa amanecer así, amenazando imperios, ni mucho menos es una sorpresa que el ganador del Nobel de la Paz del año 2009, se quite la careta y asuma en sus propias manos el derrocamiento del gobierno legítimo constitucionalmente del presidente Nicolás Maduro. Bien sabíamos los que no nos creímos nunca aquella fachada pacifista, que intentaba dibujarle un sistema que matemáticamente ejecuta sus acciones, para tratar de justificar desde su entrada en la palestra mundial, las acciones belicistas que estaba condenado también cumplir, como parte de un entramado mundial de claras señales capitalista.

      Tampoco no sorprende la vocería que han asumido los líderes de una oposición que ya no podemos llamar venezolana, sino a la cual deberíamos llamar, como lo que son, una oposición yankista. Un sector minoritario del país que a lo largo de toda su trayectoria política y empresarial, han estado siempre a favor de venderle su alma al diablo, y ya sabemos quién es el diablo, cómo olvidar aquella frase del comandante Chávez, “huele a azufre”. Hoy esa vocería, es ambigua a la hora de deslastrarse de la insolencia Yanki, cómo también lo fue cuando Zapatero y su Rey, el señor Juan Carlos de Borbon, nos insultaron a todos los latinoamericanos, en aquella cumbre iberoamericana en Chile del año 2011, por un lado un Zapatero que en su complejo de raza arida, respondía a un digno Evo Morales, aludiendo a su color de piel lo siguiente: “Ante nuestros distintos colores de piel, que nos hacen -por cierto- muchos más atractivos como género humano, como es evidente”; luego vendría aquella deleznable actuación, de aquel hombre que no terminaba de entender que ya no era dueño de estas tierras latinas, que había olvidado que Bolívar y el pueblo hace más de doscientos años los habían expulsado de aquí, e intentó ordenar hacer silencio al Comandante Chávez, que en ese instante, defendía con vehemencia, desde su sentir patrio, la dignidad de los pueblos latinoamericanos.

      Lo único que nos sorprende es que la insolencia Yanki, no haya dicho al mundo, por qué realmente somos su amenaza, y haya aludido a esos argumentos que realmente los deja en evidencia, puesto que a partir de esa declaración, muchos  aquí tuvieron que admitir por ciertas las denuncias que se habían venido haciendo, de un golpe de estado continuado, a través de intentar desestabilizar el país, llegando incluso a la planificación de un magnicidio. Aunque sabemos que al imperio yanqui le vale poco la opinión de muchos e incluso de todos, a la hora de llevar a cabo sus acciones criminales.

      La fase más peligrosa de cualquier imperio, no ocurre precisamente mientras va en ascenso, sino por el contrario, es justo en su caída –y por lógica de supervivencia-, cuando echa mano a todo lo que está a su alcance para permanecer. En esos momentos donde poco importa las formalidades, surgen acciones realmente temerarias, propias del desespero ante la inminente derrota.

      Bien lo dijo nuestro cantautor, Jesús “El Gordo” Paez, al cantar la poesía de Andrés Eloy Blanco, “Giraluna duerme al niño”, en el intermedio de la grabación lanzó esta frase: “El imperio está herido de muerte, y hará todo lo que esté a su alcance para acabar esta primera revolución del siglo XXI”. Esta afirmación hoy cobra más vigencia que nunca.

      Por esta razón todos debemos redoblar esfuerzos en la defensa de nuestra independencia. Juntos, pueblo gobierno y fuerza armada, debemos ser cada vez más eficiente en este objetivo, que no solo pasa por la movilización permanente, sino que también exige de cada venezolana y venezolano, un compromiso aun mayor con esta patria y el legado Bolivariano que el comandante Chávez resucitó.

      No podemos seguir llamando revolucionario al burócrata, pero tampoco que se sienta revolucionario el que cae en la tentación de vender las divisas a través de sus cupos, el que especula, el que bachaquea, todos estos –creámoslo-, son al igual que el imperio, enemigos de la patria. Es hora de definiciones, no de ambigüedades, o se está con la patria o se está en contra de ella. Por eso, que no haya un solo servidor público agazapado, que no haya una sola necesidad del pueblo sin ser atendida, que no exista más la manía de debilitarnos colectivamente, a partir de un supuesto fortalecimiento individual.

      En el tapete está desde la imposición de un bloqueo económico, hasta el asesinato de nuestros líderes de la revolución, nada es demasiado para el imperio, que tampoco sea nada demasiado para los patriotas a la hora de defender esta patria, y podamos decirle al imperio gringo y su insolencia, junto al “Gordo Páez” también, “que hemos espantado los miedos, […] y que pueden usar sus balas, que pueden usar sus misiles, que pueden usar sus cañones, que pueden usar sus submarinos, como supositorios”. (1)

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