Fernando Birri
Esta frase del cineasta argentino Fernando Birri, y lanzada a la fama
por Galeano es quizá una de las metáforas más hermosas pronunciadas para decir
que la revolución también es un acto de
fe.
La utopía tan parecida al último
elemento encerrado en la caja de pandora, a la promesa de algún Dios de entregarnos el
paraíso, y a todo lo que conlleve a la certeza que siempre habrá una oportunidad de lograrlo,
de llegar a ese estado ideal de justicia y de paz que tanto se anhela. Solo que
aplicado en la línea de tiempo y dicho de esa manera, queda la extraña
sensación que nunca la alcanzaremos y pudiera
terminar más bien por ser una invitación camuflada para sentarnos, porque, para qué seguir si nunca llegaremos a ella.
Sin embargo ante las sillas que
se colocan en el camino, (parafraseando a Silvio) las que tientan a la inacción, que tratan de
adormecer al espíritu libertario, que nos incitan al desasosiego. Ante esto
solo queda la única convicción de hacer y ser. Reafirmando entonces el carácter litúrgico de
las revoluciones que son hechas por amor. Aunque alguien podría preguntar ¿si
hay otra forma de hacer revolución que no sea por amor?. Yo no sabría decirlo
con certeza pero solo sé que Hitler también dijo hacerlo por amor.
Así que nuestra revolución -o por
lo menos la mía- es del amor ese, que no es por verse amado, sino por ser amor.
También parafraseando a Fito: dar es dar.
Y que mi liturgia revolucionaria tampoco
es la estúpida incondicionalidad del no razonamiento y la obediencia total, que
mi fe no se circunscribe al levantamiento de banderas y gritos de consignas sin
corazón, entonces la militancia no es un destino sino una opción. Y yo milito
con la vida, con la paz y el amor.
Y así me voy convenciendo que la
vida no es tan cuántica, ni tan relativa, ni tan falaz, y que algo de cierto
hay en esto de andar; que algo queda al escribir, pero también en al caminar, y
los que vienen detrás al igual que yo, nos
vamos convenciendo de la no soledad en el caminar, pues otros ya nos han dejado huellas.
Y entonces me digo, para esto también sirve la utopía para dejar huellas que
nos inviten a andar, cuando la misma utopía nos invite a parar.
Jorge Moreno

<3..¡Vamos caminando! :)
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