Hoy escuché con asombro, “En Argentina se perdió el miedo y ya inicia una nueva era”. Al instante vino a mi mente la imagen de las madres de la plaza de mayo, que no solo son un símbolo de lucha, sino que son y por sobre todas las cosas, testigos, experiencias vivientes de lo que significó los años de dictadura argentina; los años también de la “democracia” que se plegó a las políticas neo-liberales, impuesta por el Fondo Monetario Internacional, que llevó al país sureño, a una crisis económica y social como nunca antes se había vivido y que devino en fuertes disturbios entre un pueblo con hambre, con angustia y desasistido por el poder gubernamental, que se desvivía por defender a los banqueros y al poder económico antes que ponerse del lado del pueblo.
Entonces me pregunté, ¿se perdió el miedo?, y acaso no fue la era Kirchner, la que devolvió a los argentinos la capacidad no solo de soñar, sino la posibilidad real de comer, de trabajar, de tener salud, vivienda digna y un liderazgo mundial, devenido todo esto de un gobierno que puso definitivamente a la gente por encima de los bancos, y defendió a los argentinos por sobre todas las cosas, aún a costa de la más voraz campaña de desprestigio y ataques económicos conducidos por la prepotencia imperial, que nunca le perdonará a Nestor y a Cristina, haberlos vencido con sus pretensiones “ALCAicas” de subyugar a esa nación a sus designios.
La respuesta no puede ser otra: En argentina no se perdió el miedo, sólo se olvidó el miedo. El miedo a la incertidumbre de no tener que comer; el miedo a ser perseguidos; torturados y desaparecidos; el miedo a que saqueen los ahorros del pueblo, con medidas que solo privilegian al poder económico; el miedo a ser un pueblo desasistido socialmente; el miedo a entregarle la patria a las trasnacionales; y sobre todo el miedo a ser víctimas del Fondo Monetario Internacional.
La respuesta no puede ser otra: En argentina no se perdió el miedo, sólo se olvidó el miedo. El miedo a la incertidumbre de no tener que comer; el miedo a ser perseguidos; torturados y desaparecidos; el miedo a que saqueen los ahorros del pueblo, con medidas que solo privilegian al poder económico; el miedo a ser un pueblo desasistido socialmente; el miedo a entregarle la patria a las trasnacionales; y sobre todo el miedo a ser víctimas del Fondo Monetario Internacional.

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